DIFERENCIA SEXUAL Y ELECCIONES PRESIDENCIALES
Caminaba hace unos días por calles de Valparaíso atestadas de consumidores, transeúntes y gente humilde que repartía propaganda electoral, imagino a cambio de un pequeño monto de dinero que destinará a satisfacer necesidades y aspiraciones más dignas que la propia parafernalia electoralis. En una esquina, Giuliana, conocido travestí porteño, hacía lo suyo ofreciendo en formato papel las promesas del candidato de la concertación. Esto me llevó a una imagen fugaz de Freí acompañado de dos lesbianas, que apareció en la franja electoral. Súmese a este evento, la opinión de la iglesia católica aparecida poco después, que raya en la homofobía. O a la imagen del empresario Piñera compartiendo con homosexuales, súmese el griterío de la UDI por tal evidenciamiento.
El no sujeto de la diferencia sexual transita entre la oscura necesidad electoral y el rechazo más repugnante. Muchos bienintencionados opinarán que las propuestas, al respecto, de los candidatos son ya un avance contra la discriminación. Otros opinarán que el sólo hecho de hablar públicamente del tema constituye progreso en la lucha por estos derechos. Permítanme una buena dosis de escepticismo. El doble discurso instalado sobre el tema, posicionado sólidamente a la base de los que tomarán las decisiones, no es buen aliciente para pensar que los derechos de las llamadas “minorías sexuales” tengan un avance significativo bajo el próximo gobierno, de la tendencia que sea. Lo más probable es que se de un contexto en que los “logros” parciales sean un reforzamiento de la homofobía general.
Por tanto, Giuliana, lo siento, pero lo más seguro es que seguirás siendo sujeto sin derechos básicos. La ley no reconocerá para la diferencia sexual el derecho al amor ni derechos que de éste deriven: patrimoniales, de familia, respecto de los hijos, etc. Sólo tendrán connotación social desde la noticia policial, desde la farándula o desde la estigmatización.
Finalmente será como la historia ha enseñado, como se han establecido como sujetos, seres humanos que la sociedad ignoró como tales por larguísimos períodos de tiempo. Y el reconocimiento de la diferencia sexual será producto de sus propias luchas.
¿Cómo se tratará a la diferencia sexual en el seno social de esta clase política? Seguramente, deben operar las técnicas del poder foucaultianas, el ocultamiento, la represión, la construcción de discurso simbólico que refuerce estas técnicas o que instale verdades vacías, aquellas verdades que rigen las sociedades enfermas.

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